Estado de la biodiversidad en Chile

Un Hot Spot de biodiversidad

 Chile está situado en el extremo suroeste de América del Sur y su configuración es la de una faja larga y angosta, con un importante aislamiento geográfico y una gran diversidad de ecosistemas presentes, desde zonas áridas y semiáridas en el norte, hasta regiones de bosques lluviosos templados y subpolares en el sur.

 

Esta situación ha favorecido el desarrollo de una biodiversidad que si bien es moderada en número de especies, en comparación a otros países, posee especies y ecosistemas únicos en el mundo, mostrando altos niveles de endemismo: de las 5.105 especies de plantas presentes en Chile, el 51,5% son endémicas, razón por la cual se le ha identificado entre los 34 lugares del mundo más valiosos de conservar, denominados hot spots.

 

Cabe destacar también que de los 75 millones de hectáreas que conforman la superficie continental del país, el máximo potencial arable y regable de Chile alcanza en la actualidad solo 2.5 millones de hectáreas.

 

El mercado de las semillas

Chile es el sexto abastecedor de semillas en el mundo. El mercado está concentrado en las manos de muy pocas empresas ya que se requieren altas inversiones en investigación para la obtención de las nuevas variedades comerciales.

 

Dentro del total certificado para exportación, cabe destacar que el 94% aproximadamente de las superficies plantadas para producción de semillas consta de cultivos transgénicos, proporción que está en constante crecimiento. 

 

El principal cultivo para producción de semillas es el maíz, destacando también la producción de semillas de hortalizas, que ha crecido en Chile desde 700 a 2 000 toneladas durante los últimos 10 años. Entre ellas destacan cebolla, tomate, pepino, zapallo, pimentón, sandías y melones.

 

Sin embargo, el 85% del abastecimiento de semillas de hortalizas, maíz y forrajeras gramíneas es importado. En muchas de estas especies no sólo se depende del abastecimiento de semillas, sino que también de creaciones extranjeras.

 

Las semillas provienen del sistema de certificación o de empresas especializadas nacionales o extranjeras. Estas compañías, por su carácter comercial, sólo ofrecen variedades modernas híbridas, no existiendo programas destinados a valorizar los cultivos tradicionales.

 

El modelo económico de la agricultura chilena, en que un 0,6% de los agricultores tiene un 35% de la superficie total productiva (explotaciones > 2000 ha) y un 92% de los agricultores tiene menos de 100 ha, cultivando solo un cuarto del total de la superficie productiva, explica lo anterior respecto al uso de semillas modernas, compradas por una agricultura de tipo agroindustrial.

 

En este contexto, sólo el 11% de los cultivos utiliza razas locales o variedades antiguas, fruto del reemplazo de variedades tradicionales por variedades comerciales modernas. Esto trae como consecuencia una inevitable pérdida de variabilidad genética y toda erosión cultural asociada, proceso que muchas veces resulta irreversible.

 

Diversidad para la alimentación y la agricultura

En cuanto a la diversidad de cultivos, existe un importante número de variedades antiguas de cultivos tradicionales como papa, maíz y poroto. Chile es además centro de origen de la frutilla (Fragaria chiloensis), del tomate silvestre (Lycopersicon chilense) y de la papa (Solanum tuberosum sub especie tuberosum).

 

Por otra parte, el país posee importantes variedades de cultivos tradicionales, algunos introducidos, que han logrado adaptarse a diferentes condiciones agroclimáticas del país, por lo que es importante su conservación, como la avena, cebada, lenteja, papa, tomate, trigo, ajo, bromos, chícharo, garbanzo, zapallo de guarda, camote, manzanos, comino y pepino dulce, entre otros.

Respecto a la diversidad asociada a los cultivos, no existen datos sistematizados de los niveles de erosión genética. Sin embargo, se ha detectado en peligro de extinción seis formas raciales del maíz y se está perdiendo la riqueza genética nativa de la papa en Chiloé, pues antes de la modernización agrícola, las comunidades indígenas y campesinas de Chiloé cultivaban alrededor de 800 a 1 000 variedades de papa. Actualmente, según la Universidad Austral de Chile, se encuentran apenas 270 variedades.

Iniciativas para la conservación de la biodiversidad

Si bien quedan remitidas a círculos relativamente cerrados, en relación al grueso de los agricultores, en Chile existen algunas experiencias de rescate de semillas locales y del conocimiento de uso tradicional.

 

Se ha promovido, por ejemplo, el concepto de mujeres guardadoras, curadoras o cuidadoras de semillas, quienes han mantenido la tradición de sus padres y abuelos de guardar semillas de cultivos antiguos, cultivarlas e intercambiarlas.

 

Existen también algunas otras iniciativas cofinanciadas por el Estado y donde participan el sector público y privado, pero es importante destacar que todas las acciones referidas al manejo de recursos fitogéneticos en predios agrícolas son iniciativas aisladas ya que actualmente no existe una estrategia nacional, ni incentivos de apoyo a actividades que promuevan el manejo y mejoramiento en predios de agricultores.

 

En el último Informe Nacional sobre el Estado de los Recursos Fitogenéticos para la Agricultura y la Alimentación, presentado a la FAO (diciembre 2008), en relación a la conservación in situ, el informe da cuenta que el país no ha implementado planes ni acciones integradas, significando escasos avances en la materia.

 

En cuanto a la conservación ex situ, en relación al primer Informe, ésta ha tenido importantes avances tanto en colecciones como instituciones involucradas en el tema. Sin embargo, gran parte de estas nuevas colecciones corresponden a recursos genéticos de flora nativa, no necesariamente relacionados a cultivos. Son mínimas las nuevas colecciones de recursos genéticos cultivados y una fracción importante de las ya presentes, requieren urgente caracterización, regeneración y documentación.

 

Se destaca así la necesidad de estructurar un programa nacional que sistematice y coordine las iniciativas en recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura. Este programa debería contar con financiamiento permanente que permita promover la conservación, capacitación, investigación y uso sostenible de los recursos genéticos de Chile, asi como enfocarse en las necesidades de colaboración en las distintas áreas relacionadas con recursos fitogenéticos.

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